UNA OPINIÓN PARA TODO
Es como un impulso, una necesidad de dar mi opinión, aunque nadie me la pida, de convencer a alguien, a quién sea. Me gusta ser una de las primeras en enterarme y la primera en llegar con la novedad. Cosas de periodista, supongo. O de chusma.
No estoy sola, hay muchos como yo. Somos el nene de “El traje nuevo del emperador” que grita que el monarca está desnudo, mientras que el resto halaga el traje inexistente.
Cuando trabajaba en el diario escribía todos los días, pero me dejaron ir. Igual nunca de dejé de escribir, no creo que pueda, pero ahora lo hago para mí. Escribo en mi blog para no pasarme horas en las redes sociales, que son como una válvula de escape, pero invertida, porque lo tóxico entra, en lugar de salir y termino intoxicándome a misma. Después de un rato en las redes, me enveneno y empiezo a sentirme como cuando salía de los mosh pits: machucada y arrepintiéndome de haber entrado.
Este blog es mi soapbox, mi megáfono, mi mensaje en la botella, las señales de humo que no puedo dejar de mandar.



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